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Friday, July 3, 2020
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El “anfitrión” no está listo para la fiesta CIJ

La medida judicial provisoria que el Presidente del Tribunal Supremo dictó para el referéndum que se celebraría para decidir si Belize iría con Guatemala a la Corte Internacional de Justicia (CIJ) para resolver el antiguo reclamo de ese país al territorio de Belize, provocó una interesante intervención de lugares extranjeros.

Los países, Belize y Guatemala, firmaron un Acuerdo Especial en 2008, que si fuera aceptado por las personas de ambos países, enviaría la disputa a la Corte Internacional de Justicia para su resolución final. Guatemala fue a consulta popular en 2018, y las personas que votaron declararon, enfáticamente, que estaban ansiosas por ir a la Corte Internacional de Justicia. Solo el 27% de su gente participó en el referéndum, y de los que votaron un abrumador 96% dijeron que la CIJ era el camino a seguir.

Era viento en popa en Guatemala casi desde el principio. El Primer Ministro de Belize había opinado que podrían tener dificultades. Le dijo a la Srta. Adele Ramos (Amandala, 24 de febrero de 2009) que el Compromis (Acuerdo Especial) sería revisado por primera vez por un comité del Congreso de Guatemala, después de lo cual “va al plenario del Congreso, y se espera una decisión dentro de 45 días”. El Primer Ministro le dijo a la Srta. Ramos que esperaba que el asunto pasara por el comité con bastante facilidad, pero no tan fácilmente por la sesión plenaria. “Ahí es donde ocurre el gran debate”, le dijo el primer ministro a Ramos, y agregó que el gobierno (de Belize) esperaría para ver qué sucede en el Congreso de Guatemala antes de realizar cualquier movimiento para presentarlo (el Acuerdo Especial) en la Asamblea Nacional.

En 2010, el Congreso de Guatemala ratificó el Acuerdo Especial, pero el país no procedió a negociar una fecha para el referéndum con Belize (los países habían acordado celebrar sus referendos por separado el mismo día). Guatemala insistió en que Belize cambiara el umbral del 60% en su ley de referéndum porque, dijeron, no querían invertir mucho dinero en el proceso solo para ver los resultados en Belize anulados por la escasa participación electoral. Belize cumplió. A Guatemala también se le permitió celebrar su referéndum por separado porque, según se afirma, querían que coincidiera con las elecciones generales en ese país.

No ha sido fácil navegar en Belize. La persona que firmó el Acuerdo Especial en nuestro nombre, el Ministro de Relaciones Exteriores Wilfred Elrington, emprendió una campaña para crear temor en los corazones de los beliceños si no devolvían un voto de SÍ cuando se convocara el referéndum. Los líderes de Belize han ofrecido que Guatemala decidió ir a la Corte Internacional de Justicia porque están cansados ??de ser una nación paria en el mundo debido a su reclamo sobre Belize. En contradicción con eso, el Ministro de Relaciones Exteriores ofreció que Belize debe ir a la Corte Internacional de Justicia porque Guatemala podría volverse agresiva si no lo hiciéramos.

La campaña del miedo no tuvo los resultados deseados. Una serie de encuestas de opinión mostraron que los beliceños están desarrollando una fuerte resistencia al proceso de la Corte Internacional de Justicia.

No es imposible que, desde el principio, los proponentes del Acuerdo Especial se dieron cuenta de que no era fácil venderlo para que acordemos que un tribunal (la Corte Internacional de Justicia) decida sobre todas y cada una de las reclamaciones legales que Guatemala dice que tiene sobre TODO el Territorio de Belize.

Esto explicaría por qué el gobierno de Belize no haya hecho arreglos especiales para que los beliceños que viven en el extranjero participen en el proceso del referéndum; que el gobierno de Belize esté contento con las fallas en la Unidad de Estadísticas Vitales que ha llevado a que a muchos beliceños se les haya negado el derecho de voto; que el gobierno de Belize esté contento con los guatemaltecos recientemente nacionalizados que participen en el proceso; que el gobierno de Belize nunca haya considerado que en este referéndum, en particular, la participación de los ciudadanos de la Commonwealth que están aquí por un período, y los ciudadanos económicos, podría no ser apropiada; y el gobierno de Belize nunca dándole a los que se oponen a ir a la Corte Internacional de Justicia y a los partidos neutrales ningún dinero de los millones que recibieron de las arcas locales y de los Amigos de Belize para llevar a cabo una campaña educativa.

En resumen, el Gobierno de Belize pisoteó nuestra democracia en su desesperación por obtener un voto de SÍ, a toda prisa. Este pisoteo a la democracia no es extraño; los gobiernos de Belize han estado haciendo eso durante años. Parecía que el gobierno obtendría ese voto SÍ, apresuradamente, hasta unos pocos días antes de la cita del referéndum, programada para el 10 de abril de 2019, cuando se encontró con el obstáculo legal en los tribunales.

La tinta no se había secado en el anuncio de la corte el 3 de abril de que había motivos para una leve demora, un aplazamiento del referéndum, cuando el líder del país subió al escenario para denunciar la decisión de la corte. Su crítica fue desafiante. Desde el principio hasta el final de su diatriba, era un guerrero alistándose para la batalla, excepto por un lapso momentáneo, en medio de su discurso a la nación, cuando se preocupaba por el desperdicio total, “si este juicio significara el final del camino.”

El final del camino que vio no fue el final del referéndum; lo que vio fue el final de sus ambiciones, y las de su Ministro de Relaciones Exteriores, de verlo atravesar la línea de meta, con un voto afirmativo.

El Primer Ministro, un abogado profesional, sabe que el proceso previo al referéndum en este país no ha sido tan claro como el día. Existe la firme convicción de que si los constitucionalistas así lo desean, podrían atar el proceso en los tribunales durante mucho, mucho tiempo, durante tanto tiempo que el Primer Ministro no será el oficial que presida cuando los beliceños acudan a los centros de votación.

Algunos Amigos de Belize vieron lo mismo que vio el Primer Ministro, y esto provocó su interesante intervención. El 11 de abril, la UE, el Reino Unido y los Estados Unidos anunciaron que habían “tomado nota del aplazamiento”, y que “mantienen su apoyo a favor del referéndum y esperan que pueda llevarse a cabo tan pronto como sea posible”. Su anuncio dijo que “el proceso del referéndum es la [nuestro énfasis] ruta hacia una resolución pacífica de la disputa…” y concluyó diciendo que era su esperanza “que los obstáculos legales impidiendo el referéndum… se puedan resolver en conformidad con los procedimientos legales de Belize”.

Estos Amigos de Belize tienen todo el derecho de estar preocupados porque han invertido en el proceso, y aunque nunca podemos olvidar las Propuestas Webster y el Preámbulo de Acuerdo, hay mucho de bueno entre nuestro país y los suyos. Pero podríamos haber preferido que ellos, en lugar de pedir un referéndum temprano y obligarnos a votar por el sí, hubieran pedido al gobierno que se asegure de que sea un “proceso libre y democrático”, como también lo pidió su declaración.

Hay una serie de opiniones acerca de la razón o razones detrás de la insistencia del Primer Ministro en hacerlo ahora, pero si creemos implícitamente a nuestro gobierno, la prisa podría tener que ver con quién desafió a quién para acudir a la Corte Internacional de Justicia.

Varios de nuestros líderes que han estado involucrados en el proceso previo a la firma del Acuerdo Especial para ir a la Corte Internacional de Justicia con Guatemala, una lista que definitivamente incluye a un ex ministro de Relaciones Exteriores, el Dr. Assad Shoman, insisten en que nosotros, Belize, somos los que presionaron por la adjudicación en la Corte Internacional de Justicia.

La historia del Dr. Shoman sobre este asunto está bien documentada. En su “Guía de bolsillo para el referéndum sobre la Corte Internacional de Justicia”, aborda la acusación de algunos de que nuestro gobierno “está actuando para apaciguar intereses extranjeros”. El Dr. Shoman escribe: “La verdad es todo lo contrario. Fue Belize quien tomó la iniciativa a partir de 2002 y ejerció presión internacional sobre Guatemala para que aceptara un proceso que finalmente nos llevaría a la Corte Internacional de Justicia. NOSOTROS presionamos, no Guatemala ni Gran Bretaña, ni ningún ‘interés extranjero’”.

Si esa es la verdad absoluta, entonces nuestro gobierno guio a Guatemala hacia la Corte Internacional de Justicia. Pero todavía no estamos listos.

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