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Tuesday, April 7, 2020
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Cuando el Primer Ministro de Belize (o, en el caso del viernes pasado, el “representante” del Primer Ministro), el Viceprimer Ministro pronuncia el discurso del Gobierno de Belize del Día de la Independencia, ya sea que los humildes ciudadanos de Belize se den cuenta o no, ese discurso está dirigido, en gran medida, a la estructura de poder de Belize y el cuerpo diplomático estacionado aquí, que representa a las naciones extranjeras interesadas.

En el caso del viernes pasado, una parte importante del discurso habló de seguridad nacional. Pero relativamente poco de esa porción se centró en la seguridad nacional externa, como uno podría haber esperado: el discurso del Día de la Independencia se centró principalmente en la seguridad nacional.

Hay un proverbio árabe que dice que sesenta años de tiranía son preferibles a un día de anarquía. En comunidades y sociedades pobres, hay secciones en las que los ciudadanos viven en un estado permanente de aprensión, incluso miedo. Tomemos el caso de aquellos de nosotros los beliceños que vivimos o trabajamos en la mayoría de las áreas de la Zona Sur de la Ciudad de Belize, y en algunas áreas de la Ciudad de Belize en la Zona Norte. A veces creemos que podemos ser impactados por balas en cualquier momento, ya sea que esas balas nos tengan como blancos principales o que sean balas perdidas.

Este no es el caso para los miembros de la estructura de poder de Belize o el cuerpo diplomático. Sus vidas diarias no se viven en aprensión o miedo. El discurso del Viceprimer Ministro, el Honorable Patrick Faber, en nombre del Gabinete del gobernante Partido Democrático Unido (United Democratic Party, UDP), pretendía asegurarle a la estructura de poder y el cuerpo diplomático que el Ministerio de Seguridad Nacional, a pesar de la necesidad a principios de este mes de declarar dos áreas de la Zona Sur como zonas bajo un estado de emergencia, tiene las cosas bajo control.

La realidad es que los ministros del Gabinete UDP (como cualquier gabinete del partido gobernante, de hecho) son miembros elitistas de la sociedad beliceña que se han vuelto poderosos y ricos por haber sido elegidos al poder en la plataforma de un partido político que ganó la mayoría de los escaños en una elección general. Excepto por los ministros del gabinete que están por jubilarse, como los representantes de área de Queen’s Square, Mesopotamia y Port Loyola del UDP, una preocupación profunda y permanente es el deseo de ser reelectos por sus electores. Casi todos los ministros, antes de ser nombrados al gabinete, eran ciudadanos comunes. Como Ministros del Gabinete, ellos viven la vida, como diríamos. Por encima de todo, desean continuar viviendo en ese privilegiado nivel de Gabinete.

En el curso normal de las cosas, hay algunos beliceños que sienten que no tienen nada que perder, porque no poseen nada. Como sabemos la mayoría de los beliceños que vivimos en áreas vulnerables a los huracanes, en realidad hay beliceños que oran por los huracanes, porque tales desastres les ofrecen la oportunidad de saquear y enriquecerse. En general, sin embargo, la mayoría de los ciudadanos desean la estabilidad social, de ahí el proverbio árabe. El proverbio es extremo en su conceptualización, pero el punto está hecho.

Ahora bien, hay ocasiones especiales en la historia de una sociedad en que una gran masa de ciudadanos, cualquiera sea el motivo, comienza a pensar y, a veces, a comportarse de una manera imprudente e irresponsable. Esto sucedió en Belize en marzo de 1981 después de que el Preámbulo de Acuerdo fue transmitido por la estación de radio de monopolio gubernamental, Radio Belize. En cuestión de poco más de dos semanas, la estabilidad de dos importantes centros poblacionales en esta nación, Ciudad de Belize y el Municipio de Corozal, se había desemarañado a la medida en que el Gobernador británico sintió que tenía que declarar estado de emergencia nacional.

Nosotros los laicos no sabemos exactamente lo que ocurrió el jueves 2 de abril de 1981, en lo que concierne a esa declaración. Belize era una colonia británica autónoma en ese momento, por lo que puede haber sido que el Premier de Belize, el Honorable George C. Price, solicitó al Gobernador que declarara la emergencia. Esto no viene al caso. Lo que es importante apreciar es que la declaración del estado de emergencia equivalía a la admisión simultánea de que el Gobierno de Belize, específicamente el Ministerio del Interior, había perdido el control de las calles y no podía garantizar la seguridad nacional interna.

El Ministro del Interior el 2 de abril de 1981 fue el Honorable C. L. B. Rogers. Había perdido su escaño de Mesopotamia ante Curl Thompson del UDP en las elecciones generales de 1979, pero tal era su estatus y reputación desde que ganó el escaño de Mesop en 1961, que el Primer Ministro George Price del gobernante Partido Unido del Pueblo (PUP) – designó al Sr. Rogers como Viceprimer Ministro y Ministro del Interior, a través del mecanismo de nombramiento de un Senador, por lo tanto, elegible para sentarse en el Gabinete.

Como Ministro del Interior, el Sr. Rogers estaba en control constitucional directo del Departamento de Policía y la Fuerza de Defensa de Belize (BDF por sus siglas en Inglés), el ejército de Belize que se había establecido en 1978 cuando la Guardia Voluntaria de Belize y las Fuerzas Especiales de la Policía (paramilitares ) se habían fusionado en uno. Pero, los historiadores de Belize deben notar e investigar dos cosas. La primera fue que el comisionado de Policía, Esmond Willoughby, era considerado por los oficiales del PUP, incluido Rogers, como más leal al Gobernador británico que al Ministro Rogers y al Gabinete PUP. La segunda cosa era que el BDF todavía estaba bajo el mando de un oficial expatriado británico.

Hay cuatro hombres que todavía están vivos que fueron ministros del gabinete en ese momento. Estos son Said Musa, Assad Shoman, Florencio Marin, Sr. y Fred Hunter. A estos hombres se les debe pedir, para el beneficio de la historia de Belize y de nuestras futuras generaciones, que digan lo que recuerdan de los eventos que condujeron al estado de emergencia.

Cabe señalar también que, entre mayo y septiembre de 1972, las fuerzas de seguridad de Belize, que entonces contaban con el Departamento de Policía y las Fuerzas Especiales de Policía (paramilitares) bajo la dirección del mencionado Ministro de Interior Rogers, habían sido derrotadas en las calles de la Ciudad de Belize, el centro poblacional del país, por los insurgentes del Partido UBAD.

El punto que deseamos hacer aquí, y ha sido históricamente probado, es que la seguridad nacional doméstica puede ser un concepto frágil en una sociedad como la de Belize. Las personas que están a cargo de la seguridad nacional son reacias a emplear potencia de fuego asesina, porque tal decisión bien la podrían pagar caro ellos y su gobierno. En otras palabras, un gobierno solo es tan poderoso como el estado de cosas que prevalece en esta sociedad. Si la gente de Belize, por la razón que sea, se vuelve imprudente e irresponsable, muchas apuestas se cancelan.

Es por esa razón, cuando nuestro estado nación se enfrenta a una amenaza existencial como el referéndum de la Corte Internacional de Justicia (CIJ), que los políticos en el poder, los ministros del Gabinete de Belize, tienen que dejar de lado algo de la arrogancia que han asumido en el cargo y recordar que todos somos simples mortales. Si el poderoso C. L. B. Rogers no pudo controlar a la gente de Belize en 1981, debería ser una lección para que lo consideren nuestros Ministros del Gabinete. Sí, ahora somos independientes y el Gabinete tiene más poder, pero Belize sigue siendo una sociedad pequeña en la que todos estamos relacionados y todos nos conocemos.

Durante el curso normal de las cosas, el Gabinete siempre tiende a faltar el respeto a personas e instituciones cuyo rol social no debe descartarse. El Gabinete debe ser consciente del hecho de que la misma estructura de poder que les rinde homenaje hoy, los dejaría de lado mañana si le conviniera a los intereses de la estructura de poder.
¡Poder al pueblo!

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