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Conquistando el odio

Editorial (En Espanol)Conquistando el odio

   “Reconocemos que existe este problema con las pandillas en nuestras comunidades… Esta guerra de pandillas no es buena para la ciudad; no es bueno para el país… miren, todos sentimos el mismo dolor. Todos sentimos los mismos desafíos. ¿Por qué al crecer, cuando pasas de ser un niño a un joven, comienzas a albergar este odio? Eso es lo que está pasando en nuestra comunidad. Existe este fuerte odio en nuestra comunidad, y (cruza) líneas políticas, cruza comunidades; es rampante en las áreas urbanas. Y entonces… nosotros queremos asegurarnos de cambiar esa mentalidad”. – El alcalde de la Ciudad de Belize, Bernard Wagner, en la clausura del campamento de verano de innovación juvenil del Consejo. (Ver página 3, Amandala del viernes 12 de agosto de 2022).

lunes, 15 de agosto de 2022

   Los hitos, como los cumpleaños y los aniversarios, son ocasiones para que reflexionemos sobre nuestro viaje pasado a medida que avanzamos tratando de disfrutar esta vida que Dios nos ha dado y tratando de mejorarla para nosotros y nuestros seres queridos cercanos y lejanos; para nuestra comunidad, país y el mundo en general; y especialmente para los niños, y los que aún no han nacido para heredar esta bendita tierra.

Y mientras Amandala celebraba su 53º aniversario el sábado pasado, no podemos dejar de reconocer que, con todos los desafíos y obstáculos que enfrentaba nuestra organización fundadora, UBAD [por sus siglas en inglés], en nuestras comunidades de Belize allá por 1969, todavía había abundancia de “paz y amor” en esas comunidades, a pesar de los tiempos difíciles y la pobreza que existían entonces, lo que llevó a muchos a aprovechar la primera oportunidad de “irse mojados” a los Estados Unidos. En las comunidades más pobres dijimos “la lucha sigue”; pero a diferencia de hoy en 2022, no existía el lenguaje generalizado del odio, sobre “territorio” y “rivalidad” y “falta de respeto” que desencadenaba represalias y violencia letal; o los frecuentes reportajes de noticias sobre “golpes” a sangre fría, ejecuciones a plena luz del día y allanamientos de morada; e igualmente inquietante, el establecimiento de innumerables áreas dominadas por pandillas, de modo que los jóvenes a menudo ven restringidos sus movimientos en la ciudad debido a las rivalidades entre pandillas que rápidamente podrían volverse violentas e incluso letales.

   Siempre hubo “bases” y “pandillas” en la antigua capital, y a veces hubo rivalidades, en su mayoría se desarrollaban en encuentros deportivos; pero nunca fue un asunto de vida o muerte. Y no existía este odio, de una pandilla por otra, que se ha vuelto desenfrenado dentro de nuestras comunidades, y que ha llegado a dictar el curso de vida de las generaciones recientes y actuales de jóvenes beliceños.

   Las pandillas en sí no son el problema; lo son la violencia y la anarquía; y la ira y el odio que engendran esta violencia y crimen son el manantial de esta ola actual que ha engullido nuestro tejido social durante las últimas décadas. Y con la inutilidad persistente de muchos esfuerzos de curitas a lo largo de los años, ahora está claro que si la raíz no se aborda con seriedad, este problema permanecerá con nosotros y crecerá aún más en los próximos años. Amandala hizo sonar la advertencia hace más de cinco décadas, y el mensaje al “faraón” sigue siendo el mismo hoy: “¡Deja ir a mi pueblo!”.

   ¿Qué es una pandilla, sino un grupo de individuos que trabajan juntos en unidad y cohesión para lograr un objetivo? En la antigua zona costera, y aún hoy en día, existen  cuadrillas de trabajo [llamadas “work gangs” en inglés con la palabra ‘gang’ teniendo también la definición de pandillas] en el puerto que realizan una importante labor de retirar carga de los buques y entregarla a nuestros depósitos aduaneros. Existen work gangs en el campo en diversas labores, ya sea de tipo agrícola o industrial. El estigma negativo de los “gangs” se debe obviamente a este tipo particular de actividades ilegales de pandillas que se ha convertido en parte de nuestra problemática existencia en los últimos tiempos. ¿Y “dónde empezó todo”?

   Bueno, lo hemos visto todo desarrollarse ante nuestros ojos, los que “veremos”. Aquí siempre hemos tenido pobreza y, a pesar de eso, teníamos “mucho amor”. Y siempre hemos tenido delincuencia también, pero en una escala mucho menor, para que el sistema de justicia pudiera hacer frente a la situación, y así se animó a todos a “caminar por el camino recto y angosto”.

   Pero, como observó recientemente un escritor de St. Louis en Amandala, llega la década de 1980 y “dejan caer las drogas”, “dejan caer las armas” y algo de dinero rápido para “pagar a los policías corruptos”, y de repente tenemos un gran problema de pandillas en Belize. Y toda la prédica desde los púlpitos y las tribunas políticas no ha llegado a la raíz de este problema, que se ha ido agrandando cada vez que parece que le han cortado la cabeza. Nada cambia mucho cuando un notorio líder de una pandilla es encarcelado o asesinado. Otro toma su lugar.

   Si de verdad queremos resolver este problema, entonces, como sugirió nuestro alcalde, tenemos que ser reales. Se trata de “cambiar esa mentalidad”. Cuando éramos todos pobres, luchábamos juntos, nos ayudábamos unos a otros y, sí, a veces nos peleábamos. Pero en esta nueva realidad, con drogas y armas y dinero en efectivo que se mueve rápidamente, de repente algunos de nosotros estamos “triunfando”, y otros quieren “una parte de la acción”. La competencia en los negocios se vuelve feroz, y hay un jefe más grande de la “alta sociedad” que dirige el espectáculo, por lo que para los “pelagatos” en nuestros diversos vecindarios, es “perro come perro” y la supervivencia del más apto. La guerra entre pandillas es inevitable mientras las pandillas estén involucradas en el negocio de las drogas ilegales. Debido a que es ilegal, las pandillas deben luchar para mantener su “territorio”, su área de negocios: las ventas. Simple. Y la pobreza extrema en sus comunidades se convierte en caldo de cultivo para que las pandillas enrolen nuevos “soldados” y ganen la simpatía y el apoyo de quienes reciben “ayudas” y “dádivas” de vez en cuando. No hace falta ser un genio. Las pandillas se sustentan en la lealtad de las comunidades empobrecidas que aceptan de los líderes de las pandillas la ayuda que no reciben de la “sociedad”.

   Podemos contratar mil policías más, o pedir más y más “estados de excepción”; pero el problema no va a desaparecer. Hemos estado “ladrando al árbol equivocado” durante demasiado tiempo. Un viejo proverbio criollo dice: “barriga llena, dice a barriga hambrienta, manténganse esperanzados”. En tiempos más modernos, la artista Tanya Carter cantó: “Tienes que mostrarme que tu amor es real”. Y algunos de nosotros lo expresamos de otra manera: “Pon tu dinero donde está tu boca”.

   Aquí es donde estamos en 2022. Muchos beliceños son pobres, pero somos un pueblo sabio. La desesperación siempre hará que algunas personas hagan cosas malas. Y si a los obscenamente ricos entre nosotros no les importa que haya masas de ciudadanos desesperadamente pobres tratando de descifrar “de dónde vendrá la próxima comida”, entonces las cosas tendrán que empeorar mucho para que “entiendan la realidad”. El alcalde puede haber dado con algo; pero los financistas de nuestros dos principales partidos políticos pueden no estar de acuerdo con ese enfoque. Creen en los grandes negocios y en las migajas que se filtran para las masas. La iniciativa recientemente anunciada por el gobierno de “$40 millones para micro, pequeñas y medianas empresas beliceñas” podría ser un impulso significativo para difundir el amor y hacer retroceder los muros del odio en nuestras comunidades, pero mucho depende de cómo se ejecute este proyecto.

   ¡Manténganse en alerta, beliceños! Hay grandes tiburones financieros por ahí, y siempre están buscando un frenesí alimentario para sí mismos. Nuestros líderes deben pensar primero en las masas que sufren. Después de la tierra, necesitamos la comida, y nuestra gente “huirá del odio”. ¡Alimenten a los hambrientos, trabajen la tierra y traigan de vuelta el amor, Belize!

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